miércoles, julio 01, 2015

La era de la pastilla – Sergio Gaut vel Hartman, Luciano Doti & Daniel Alcoba

 por Sergio Gaut vel Hartman, Luciano Doti & Daniel Alcoba
 
Ser feliz, pensó Ascar, es saber que en tu bolsillo hay suficientes pastillas para toda la semana. Las rojas de la euforia, las azules de la paz, las amarillas de la creatividad. Desde que las drogas de diseño empezaron a venderse en las farmacias, millones de mujeres y hombres anclaron su vida cotidiana a la ingesta de Euforina, Dharma Plus o Einstein-999. Algunos hasta tenían esperanzas de que desaparecieran la codicia, las guerras… que los seres humanos serían menos miserables. Al fin cada persona podría ser lo que quisiera. La felicidad ya no estaría reservada sólo a los privilegiados nacidos con talentos especiales, ahora bastaría con esos comprimidos para sentirse en el mejor de los mundos.
Sin embargo, no pasó mucho tiempo para que Ascar quedara atascado en el tránsito de la ciudad en la que vivía.
—¿Qué pasa? —preguntó al taxista que lo transportaba.
—Es un piquete; reclaman que las obras sociales cubran las nuevas pastillas. También clases públicas sobre las pastillas rojas, porque su sobredosis produce infartos, ictos y adición. Dharma Plus hace a la gente edulcorante, sobona y desenfrenada sexual. Einstein- 999 genera escritores de ciencia ficción, estudiantes de física y hasta físicos...
—¡La nueva trinidad santa: Euforina, Dharma...
Lo interrumpió el taxista salvando los respaldos delanteros desnudo de la cintura para abajo, pene erecto elevado 45º sobre la horizontal. Antes de ceder al deseo del taxidriver, Ascar vio al pie del parabrisas los envases de tres Dharma-grageas.
 
Acerca de los autores:
Luciano Doti
Daniel Alcoba
Sergio Gaut vel Hartman

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martes, junio 16, 2015

Vampiros en El Plata

por Luciano Doti

Estamos en el año 1536 de nuestro Señor. La costa del río es un lodazal. Su color amarronado no luce ni genera un gran impacto. Para colmo, las condiciones de vida son de las más agrestes. Hay altos pajonales en la zona. Pasamos hambre. Yo no soy la excepción. Pero la mía es un hambre diferente a la de los demás. Desde que fui mordido...
Vinimos de España a la América. Atravesamos el mar Océano en nuestras carabelas y llegamos aquí. Entonces, nos encontramos con unos hombres indómitos que no aceptan ser civilizados. Y el hambre, ¡ay, el hambre! No hay nada que llevar a la boca, nada con qué engañar al estómago. Algunos han intentado cazar y comer a los caballos, los cuales son propiedad de Su Majestad; hemos tenido que ajusticiarlos, darles muerte y exhibirlos a modo de ejemplo al resto de la tropa. Pero el hambre...
Entre nosotros hay un sujeto de origen bávaro. Es extraño, suele evitar la luz del sol. Debería tener mucha hambre cuando mordió los cuerpos de los recién ajusticiados. A decir verdad, aún vivían en el momento en que sus dientes se hincaron en la carne de ellos. Lo vi comerlos; fue un espectáculo espantoso. Aunque más que comer su carne, bebía su sangre. Confesaré que yo también me sentí motivado a probar bocado de esa carne humana. Me acerqué tímidamente, y al llegar al lugar, el bávaro, borracho de su festín hematófago, me mordió; alcanzó a beber algo de mi sangre, creo.
Ahora mi hambre es diferente, no estoy tan presuroso de comer como de beber, y no precisamente agua. El agua no sacia mi sed. El hambre devino ansia.
Estoy harto de retorcerme en mi precaria morada. Hace frío y necesito beber. Así que, salgo afuera. Hay luna llena y los indios parecen habernos dado una tregua; ellos están tan famélicos como nosotros. Me acerco al lugar donde cuelgan los cuerpos de los ajusticiados; su sangre ya debe estar seca. Sin embargo, por allí anda Centurión, el que fue capitán de navíos del príncipe de Doria, luciendo su capa al reflejo del fuego. Podría beber de él, beber su sangre; tanto odio su actitud arrogante, que no sentiría ningún remordimiento. Lo ataco, hundo mi cuchillo en su cuerpo y bebo; al hacerlo sé que ya nunca podré abandonar esta acción que será un hábito hasta la última de mis noches.

Basado en "El hambre", de Manuel Mujica Láinez.

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lunes, junio 01, 2015

Inteligencia perdida

por Luciano Doti

Hay una práctica adolescente que hace dilapidar vitalidad. Especialistas advierten que produce fatiga crónica, incapacidad para concentrarse, perdida de memoria y hasta se ve afectado el coeficiente intelectual...
Pablo no hizo caso a esas advertencias y continuó con su vicio. Era para él la única manera de paliar las ganas de estar con una mujer.
Llegó el día en que conoció a una chica que estaba dispuesta a salir con él. A modo de romper el hielo, le preguntó:
—¿Qué es lo que más te gusta en un hombre?
—Su inteligencia —respondió ella, y Pablo no comprendió cómo podía decir eso. De hecho, entender cualquier cosa ya se había convertido en ardua tarea para él.

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sábado, mayo 16, 2015

Microficción41

por Luciano Doti



“41: el borracho”. “No, señor. Es el 14”. “Disculpe. Es que para mí vermú con fernet o fernet con vermú es lo mismo”. 
  

Tarea para el hogar: Escribir 100 veces “no debo”. Llegó a 41. El revolver cerca. Lo tomó. La letra con sangre entra. 


Nunca antes había tomado el 41. Esperándolo, apareció una joven pasajera que le hizo olvidar que estaba cerca de los 40.
 

Microficciones participantes en el certamen #Microficción41 de la 41a Feria Internacional del Libro de Buenos Aires 2015, por Twitter.


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viernes, mayo 01, 2015

Reminiscencia

por Luciano Doti



Pasaron muchos años desde aquel romance de adolescencia. Largo tiempo transcurrió desde que nos dimos el primer beso. Luego, la separación; ya no recuerdo por qué.
Hoy, el destino me vuelve a poner frente a una chica igual a vos, y para peor, o mejor, me mira como solías hacerlo. Durante un instante, te veo otra vez en ropa interior, como la tarde que tus padres habían salido e intimamos en tu casa.
Me quedo parado, contemplándola tras el vidrio de su ventana mientras toca el piano, y me parece que, aunque no sos vos, ella lo sabe.

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jueves, abril 16, 2015

Olfato

por Luciano Doti


—¡Qué olor a asado! —dijo la señora al pasar frente al crematorio.

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miércoles, abril 01, 2015

El espejo

por Luciano Doti

Siempre me habían gustado las pelirrojas, y esa chica parecía ser la dama de mis sueños.
Comencé a seguirla esperando entablar una conversación con ella, o al menos para poder observarla, recrearme en su belleza. Al principio insinuó tolerarme, pero llegó el momento en que se detuvo, tomó una piedra del suelo y empuñándola me miró fijamente a los ojos.
—Dejame en paz —me dijo seria; había algo encantador en ella cuando se ponía seria.
—Si te dejo en paz desaparecerás, ya que sólo existís en mi mente —le advertí.
—¿Es que no lo entendés? Sos vos el que no existe en esta dimensión. Aquel día, al seguirme, por mirarme a mí te distrajiste y te atropelló un auto. Moriste, y desde entonces te me aparecés de madrugada en este espejo.
Me arrojó la piedra y el espejo se astilló. Quedó sola contemplando su propia imagen fragmentada. Ambos nos sentimos aliviados.

Publicado en la antología Grageas 3, Desde la Gente Ediciones - IMFC, 2014.
Publicado en el blog-antología Piedra y nido, 2014.
Leído en el programa radial La vuelta de Zloto - Radio Del Plata, 2015. 

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lunes, marzo 16, 2015

La mexicana

por Luciano Doti

En las obras de refacción de un hospital de México, se halló a una bella mujer emparedada. El cuerpo perfectamente conservado databa de la época de la colonia, estaba ataviado con vestimentas propias de una dama y estaqueado en el pecho con una daga en forma de cruz; sus ojos eran de un azul tan intenso como el mar. Quienes trabajaban en el lugar juzgaron que se trataba de una vampira, por lo que se contactaron con la Iglesia. 
El Papa de ese momento hizo que el cuerpo le fuera enviado al Vaticano, para realizar su exterminación ritual. El sacerdote encargado de esa tarea procedió a rociarlo con agua bendita y recitar oraciones de liberación de demonios, pero como éste era corrupto y pedófilo, no tenía la autoridad moral suficiente para bendecir el agua ni pronunciar las oraciones; por ende, la vampira, lejos de descansar en paz, despertó de su largo sueño, mató al hipócrita sacerdote y salió a las calles. 
La ciudad de las siete colinas la recibió con una luna radiante.

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domingo, marzo 01, 2015

Amanecer prehistórico

por Luciano Doti & Javier López

El amanecer de ese día fue muy extraño. A él y a todo su grupo de neandertales los había despertado un murmullo. Salieron afuera de su precaria vivienda y un poco más allá divisaron la fuente de ese murmullo: eran hombres, pero diferentes a ellos en lo que respecta a su fisonomía. Además, podían hablar de manera articulada y parecían poseer una habilidad superior para el uso de herramientas.
Los cromañones se convirtieron en sus dioses, con esas finas destrezas que les permitieron una vida más cómoda. Pero pronto aquellos seres cándidos se dieron cuenta de que la posición dominante que les otorgaba a sus visitantes esa inteligencia superior, se volvía contra ellos. Fueron esclavizados y, con el tiempo, exterminados.
Hoy los antropólogos debaten sobre las circunstancias de la desaparición de los neandertales. Es muy sencillo. Tratándose de seres humanos, solo podían sobrevivir los que tenían más mala leche.

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lunes, febrero 16, 2015

El rey de la Patagonia

por Luciano Doti

Tomando coñac en Francia, Orélie lo planeó todo. Iría a la zona austral de Sudamérica, y sería proclamado rey de la Araucanía y la Patagonia. 
El viaje lo hizo cargado de sueños y proyectos; instauraría una monarquía constitucional; estaba seguro de que los aborígenes lo amarían.
Al llegar, se encontró con una región inhóspita y poca acogida para sus ideas que, entonces, ya parecían delirios.
Las autoridades lo declararon insano y fue deportado.
De regreso en Francia, Orélie pensaba: “A pesar de que otros crean que mi aventura fue un fracaso, yo supe ser un rey. Así que, por más que me llamen loco, ¿quién me quita lo bailado?”. Y volvía a tomar el mismo coñac, que ahora sabía a triunfo.

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