jueves, octubre 16, 2014

El intruso

por Luciano Doti

Los perros vieron una luz potente en el campo y comenzaron a ladrar. Un raro espécimen apareció en medio del resplandor y caminó hacia el casco de la estancia. Alertado por los ladridos, el capataz salió a enfrentarlo. El intruso, advertido de su superioridad física, no se dejó intimidar; si el informe de inteligencia era correcto, nadie en la Tierra podría vencerlo en la lucha cuerpo a cuerpo. Pero el informe contenía algunas omisiones; los terrícolas no peleaban siempre cuerpo a cuerpo, menos para defenderse del ataque de un desconocido en plena noche.
Eso lo supo cuando sintió que la munición del Remington le perforaba el corazón.

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miércoles, octubre 01, 2014

Pesadilla

por Luciano Doti

Estoy atrapado. El habitáculo que me contiene es estrecho y no tiene aberturas; de hecho, me cuesta respirar. Para colmo, me encuentro maniatado. De todas maneras, aunque pudiera zafar de mis ataduras, no podría ir a ningún lado. Se me ocurre que estoy en un féretro. ¡Oh, no! Mi peor pesadilla es realidad. Soy prisionero en un cajón de madera reservado a quienes han cruzado el límite que nos separa de la inmortalidad.
—¡Socorro! —no puedo hacer más que gritar, implorar ayuda. Me resulta imposible golpear la madera; la mortaja es tan ajustada como abrigada—. ¡Socorro!
Despierto con Dexter encima; es un perro fiel que me oyó gritar y acudió pronto. Tardo un instante en liberarme de la frazada que me tenía amortajado.

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martes, septiembre 16, 2014

Caperucita

por Luciano Doti

Una tarde, Caperucita Roja fue a visitar a su abuela, que vivía retirada en una cabaña del bosque, con la advertencia materna de que por ningún motivo dejara que la alcanzara la noche en ese lugar.
Como era algo distraída, se puso a recolectar flores y equivocó el camino, tomando uno más largo. Tanto demoró entre la longitud del trayecto y el tiempo perdido con las flores, que cuando llegó a destino ya brillaba la luna llena.
Dentro de la cabaña, su abuela estaba tendida en la cama y había sufrido cierto grado de transformación.
Caperucita no pudo reprimir un grito de horror, el cual fue oído por un leñador que esa noche, como tantas otras de luna llena, patrullaba el bosque.
El leñador acudió en su ayuda, ingresó a la cabaña justo cuando la abuela se lanzaba sobre su nieta y, munido de hacha, decapitó a la anciana.
Fue entonces que Caperucita perdió la inocencia. Supo la razón por la que su madre no quería que la alcanzara la noche en el bosque, y aprendió una nueva palabra: "licantropía".

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lunes, septiembre 01, 2014

Bromista

por Luciano Doti

Empezó a toser en medio del colectivo. Luego sacó una grabadora y dijo en voz baja, aunque de manera que los pasajeros más próximos a él pudieran oírlo:
—Día 9, el virus ha mutado. Necesito hallar el antídoto.
En la parada siguiente, se bajaron esos pasajeros. Él sonrió satisfecho. Siempre había sido un bromista.

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sábado, agosto 16, 2014

Pretérito incorrecto

por Sergio Gaut vel Hartman & Luciano Doti

En la sombría cabaña, incapaz de desprenderse de un pasado tenebroso y vergonzante, recitó de memoria los nombres de los que había asesinado. Se le ocurrió que recordar era un valor significativo, que podía ser juzgado en positivo si se lo ubicaba en el correspondiente contexto. Pero no pudo evitar el fuerte deseo de repetir lo hecho, aunque todas sus acciones hubieran sido condenadas por la sociedad y sus normas éticas. Así que, ahí estaba él, sentenciado a cometer una y otra vez los mismos crímenes. Sintiendo la culpa y el remordimiento lacerantes por lo que había hecho y seguiría haciendo eternamente. Ese pretérito incorrecto, que se manifestaba en el presente y se proyectaba al futuro, era su merecido infierno.

Microrrelato a cuatro manos publicado en el Grupo Heliconia.

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viernes, agosto 01, 2014

Quijote

por Luciano Doti

La joven esperaba el colectivo al costado de una ruta, en una zona suburbana. Unos hombres nada buenos se acercaron a ella. Entonces, apareció Alonso Quijano, a caballo, y los puso en fuga.
—¿Cómo te llamás? —preguntó él, cuando quedaron solos.
—Dulcinea, ¿y vos?
—Alonso, pero me dicen “Quijote”.

Publicado por primera vez en la antología Porciones del alma. Diversidad Literaria, España, 2013.

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miércoles, julio 16, 2014

Abducido

por Luciano Doti

Román estaba confundido. No sabía lo que sucedía, lo que venía sucediendo desde hacía un tiempo atrás. Era una luz brillante, como uno de esos spots que se usan para iluminar a los artistas sobre un escenario. Tras esa luz, se encontraba en un ambiente de estética futurista, rodeado por una aparatología intimidante, y observado por un grupo de humanoides grises, cual enanos macro-encefálicos con ojos de mosquitos hiper-desarrollados.
Ellos lo cortaban a su gusto y placer, parecían poseer un dejo de sadismo. Él podía sentir el dolor, asistía inmóvil a su propia ablación sujeto a la camilla quirúrgica en la que se hallaba. Lo investigaban como si se tratara de una rata de laboratorio. Discutían entre ellos sobre su funcionamiento orgánico y sus reacciones espasmódicas que, en forma de actos reflejos, se manifestaban ante cada acción exploratoria. Quería escapar, ¡claro que quería! Con todas sus fuerzas intentaba levantarse de esa cama de tortura. Pero no podía, ninguna de sus extremidades respondía a su voluntad.
Oía el zumbido del torno y se recordaba a si mismo cuando niño en las sesiones odontológicas, por alguna carie que lo tuviera a mal traer; obvio que para que la comparación fuese más cabal debía agregar una sierra eléctrica, instrumental para cirugía torácica y multiplicar el dolor por diez. Después, volvía a ver la luz. Aunque exhausto, la contemplaba con alivio; ya que había aprendido, luego de varias abducciones, que ese fenómeno lumínico anunciaba el final; que tras esa luz despertaba en su cama, bañado en sudor, tembloroso y dolorido, pero sin cicatrices. Entonces venía lo más difícil: dilucidar si el incidente había sido real, si era uno de esos humanos que podían narrar en primera persona un encuentro cercano con criaturas del espacio, o sólo un hombre perturbado con pesadillas escalofriantes; dado que la inmovilidad de los miembros, además de ser denunciada por las supuestas víctimas de abducciones, es también una de las características de la etapa más profunda de los sueños.
Por lo general, las mañanas posteriores a sus abducciones solía faltar al trabajo. Luego se veía obligado a inventar alguna excusa para justificar su ausencia. Pero eso era necesario, no podía ser de otra manera, dado que si bien sus secuestros estelares duraban apenas unos pocos minutos en la Tierra, el tiempo transcurrido en el espacio exterior era mayor, como para medirlo en horas. De allí que quedara agotado, y sin animo de emprender una jornada laboral. Por otra parte, su natural estado de paranoia crecía considerablemente, y no se hallaba en condiciones de entablar relaciones normales con el resto de la gente.
Estaba seguro de tener un chip en alguna parte de su cuerpo, conectado a su sistema nervioso central; una suerte de transmisor que mantenía informado a los humanoides grises de sus actividades terrestres. Pero en qué se basaban ellos para decidir el momento de sus raptos era un misterio aún vedado para Román. De saberlo, intentaría controlar sus propios patrones de conducta para evitar realizar aquellas acciones que llamaban la atención de los captores, eludiendo de esa manera el rapto. Aunque también existía la posibilidad de que las abducciones se decidieran por causas ajenas a él, esto es obedeciendo a las necesidades de conocimiento de la comunidad científica alienígena; en caso de que el motivo de los secuestros fuese estudiar el funcionamiento y estado evolutivo del cuerpo humano, y no iniciar una colonización de nuestro planeta.
Los testimonios sobre alienígenas infiltrados en los estamentos más influyentes de la humanidad eran numerosos, aunque todos de dudosa veracidad. La mayoría de esos relatos hablaban de mestizos, híbridos de humanoides grises y hembras humanas. Al parecer, algunas de las mujeres abducidas, seleccionadas especialmente entre las más sanas, eran fecundadas con embriones creados en probeta, de manera que los bebés conservaran la apariencia humana pero tuvieran la inteligencia alienígena.
Eso abonaba la teoría de la colonización. Cuando leía esas historias, Román solía recordar que nunca había conocido a su verdadero padre.
También existían otros relatos, que hablaban de una nave comandada por seres de luz que sobrevolaban la Tierra dispuestos a salvar a unos pocos privilegiados durante el Apocalipsis, el cual se anunciaría con una seguidilla de catástrofes naturales tales como terremotos, maremotos, actividad volcánica…
Muchas de esas cosas venían sucediendo con mayor frecuencia últimamente, en el mismo período en que él había comenzado a ser perseguido por esa luz. ¿Sería señal de que el fin estaba cerca? Sólo sabía lo que veía a través de la ventana: gente con barbijos, y esas cenizas volcánicas que ahora empezaban a cubrir toda la ciudad.

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martes, julio 01, 2014

Por una cabeza

por Luciano Doti

Cuando yo era chico, ir a la cancha todavía era un programa que se podía decidir a último momento. Uno terminaba de almorzar y proponía a su familia o amigos ir al estadio a disfrutar ese espectáculo deportivo; no solía ser tan difícil conseguir entradas. Yo ese día fui con mi familia al Monumental.
Al llegar, estacionamos nuestro automóvil en el Barrio River de Belgrano; ya se imaginarán cuál es el equipo que íbamos a ver. Luego, caminando hacia nuestro destino, intentando sintonizar una audición que transmitiera el partido que veríamos, se oyeron unos versos del tango “Por una cabeza”.
En la entrada, un policía nos dijo que no estaba permitido ingresar portando la radio portátil con pilas por motivos de seguridad; debíamos dejarlas ahí, para descartar cualquier posibilidad de que una de ellas sea utilizada como proyectil contra la humanidad de alguno de los protagonistas. Así lo hicimos, ya que mucha chance de oponernos no teníamos.
El partido lo empataba River y se percibía una sensación de frustración indisimulable en el público. De la platea San Martín bajaba un murmullo que hedía a desaprobación. Hasta que hubo un corner, y un jugador de River, no diré quién para que todos estén representados en él, metió un cabezazo que puso en ventaja al Millonario.
El final nos encontró a los riverplatenses festejando. River Plate, el más grande, había ganado por una cabeza.

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lunes, junio 16, 2014

Palometas

por Luciano Doti

¡Qué lindos pies tiene Valeria! Cuando los sumerge en la costa del río Paraná, se ven sensuales. Son blancos, como de alabastro, se acercan a la perfección.
Con el calor intenso que está haciendo en Rosario, puede haber palometas en el río; las cuales, al igual que las pirañas, devoran cualquier carne que hallan en el agua.
Valeria se introduce más en el río, quiere aplacar el calor agobiante que la aqueja.
Por la noche, los pies de Valeria ya habrán abandonado su cercanía con la perfección.

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domingo, junio 01, 2014

El alfil

por Luciano Doti

La reina es muy hermosa. Cada vez que estoy a su lado me imagino lo maravilloso que debe ser estar en pareja con ella. Ésa es mi condena: estar tan cerca de tamaña beldad sabiendo que desde el otro flanco vigila el rey.
Hay veces que me alejo un poco, y a la distancia, le dirijo una mirada en diagonal. Es que yo todo lo hago en diagonal.

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