martes, septiembre 01, 2015

La reina Lupita

por Luciano Doti

Los pibes del lugar habían oído que a esa chica, que iba ahí algunos fines de semana, le decían “Lupita”. Además, se habían tomado la molestia de averiguar que no se llamaba Guadalupe. De allí que naciera en ellos la inquietud de querer saber por qué la apodaban así. Como en pago chico el infierno es grande, por rumores supieron que tenía que ver con una antigua reina llamada Lupa. Eso los llevó a guglearla, y entonces conocieron su leyenda y el significado de ese nombre que en latín quiere decir “loba”.
A partir de ese momento, comenzó a gestarse una nueva leyenda, la de Lupita. Esa nueva leyenda venía con diferentes versiones según quién fuera el narrador. En una de ellas, Lupita era una lobisona que en las noches de luna llena erraba por el bosque lindero a su casa, matando y devorando a sus víctimas. Ésa era la que más gustaba a los pibes.
Una noche de plenilunio, en que Lupita había llegado a pasar el fin de semana con unos amigos de la ciudad, los pibes se acercaron a la casa del bosque esperando ver algo. Lo que vieron no fue lo que habían imaginado, pero era incluso más gratificante: Lupita participaba de un bacanal junto a sus amigos bajo la luz de la luna; montada sobre uno de ellos, se movía y aullaba como una loba en celo. Los pibes recordaron lo que habían leído sobre la palabra “lupa”: que de ella también deriva “lupanar”.

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domingo, agosto 16, 2015

Caído del cielo

por Luciano Doti, Felix Díaz & Patricio G. Bazán
 
Era de noche y me encontraba mirando al cielo, cuando un objeto luminoso cayó un poco más allá de donde yo estaba. Los perros ladraron y una atmósfera enrarecida impregnó el aire del lugar. Podía oler el temor que nacía en mí, pero la intriga se impuso al miedo y me dirigí junto a mis canes hacia ese lugar en el cual se precipitara el objeto. A medida que nos acercábamos, un zumbido se iba haciendo cada vez más audible.
Vi una casa semiderruida. Entre los restos del techo asomaba un objeto metálico y brillante, de color azul. Era grande, como un vagón de ferrocarril, pero cilíndrico.
Varias esferas del tamaño de balones de playa flotaban por todas partes, zumbando.
Me quedé inmovilizado, incapaz de mover ni una pestaña. Vi que una de las esferas se acercaba y me bañaba con su luz azulada.
Oí una voz en mi cabeza. Me hacía una pregunta: "¿Está cerca el gastródromo?".
“Dos kilómetros al norte…” contesté maquinalmente.
“Gracias”, dijo la esfera, y se reunió con sus pares. El grupo comenzó a parpadear nerviosamente, sin duda deliberando.
Observé mi restaurant, vacío, arruinado por aquel maldito gastródromo. Seguía aquel cónclave geométrico, cuando tuve una súbita inspiración.
“¿Un entremés para el camino?”, pregunté cortésmente, señalando el oscuro local. Las hambrientas esferas entraron, cándidamente.
Una semana después, mi negocio desborda de clientes. ¡Funcionó la idea! “Cena con Show de Luces, $200”.
—Gastródromo, en tu cara —murmuré sonriendo.
 
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sábado, agosto 01, 2015

Iguales



por Luciano Doti

Era una etapa de poco trabajo para los superhéroes. Así que, debieron organizar un campeonato de lucha libre para poder ganarse el sustento. Uno de los enfrentamientos era Batman contra El Hombre Araña.
Ahora vas a ver cómo pelea un superhéroe de verdad, Robin dijo Batman a su fiel ladero. A vos te inscribí directamente en la ronda de perdedores, para que te toquen rivales más fáciles ya derrotados.
Intercambiaron pocos golpes y muchas tomas de catch, hasta que el arácnido, también conocido por su nombre inglés Spiderman, lo enmadejó en su red y lo venció.
¡Santas coincidencias, Batman! El fixture dice que debo combatir con el perdedor de esta pelea. Estamos en el mismo nivel exclamó Robin al contendiente abatido.

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jueves, julio 16, 2015

Microficciones #PGA140



por Luciano Doti

Emprendió el viaje con la ilusión de llegar a destino; sin saber que su destino era que nunca llegaría. 

Su perra, la de su infancia, lo esperaba al otro lado. Los familiares lo rodeaban desahuciados. Él ansiaba volver a abrazarla. 

Pagó en ventanilla. Iba a mandar un mensaje y se percató de que ya no tenía crédito. Fue a un kiosco; pagó. Vivir pagando. 

Jehová se emborrachaba con hidromiel cada vez que visitaba Escandinavia; para que no lo reconozcan, se hacía llamar Odín. 

Ella caminaba junto a su marido y él la vio. Sus miradas se encontraron durante un segundo eterno. Fingieron que no había pasado nada. 

Él se recreó en la belleza de ella. Luego se dio cuenta de que tenía acompañante, y mirándolo pensó: “¡qué bien quedaría con cuernos!”.

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí; pero se había encogido, tenía plumas y piaba. 

El futbolista bebió de más y se quedó dormido; la tortuga que tenía como mascota aprovechó para escaparse. 

Volveré y seré bidones, dijo la lavandina. 

La dama, cuyo nombre era Juana, bebió cinco litros de vino. 

Bebió alcohol en exceso para aplacar las penas de su corazón. “¿Y yo qué culpa tengo?”, pensó el hígado. 

La noche cayó sobre la tarde, la cual yacía sobre la mañana. El día se enfiestó con las tres.

“Más inútil que teta de monja”, dijo él. “Eso es lo que vos creés”, pensó el obispo, libidinoso. 

“¿Para qué un cenicero si no querés que fume?”, preguntó su pareja. “Por las dudas”, respondió Susana, la ex de Huberto. 

—¿Quién ahogó a la oveja?
—Fuenteovejuna.

Tras la catalepsia, el supuesto muerto vio a su esposa vestida denegro y tomó viagra para poseerla. Su corazón no resistió y murió. 

—Martín Fierro, te buscamos por matar a un moreno.
—Pero yo me llamo Martín, y me dicen “fiero” por lo feo. No soy Fierro, sargento.

Microficciones participantes en el concurso Premio Grupo Alejandría en 140 caractéres, a través de la red social Twitter. Junio 2015.

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miércoles, julio 01, 2015

La era de la pastilla

 por Sergio Gaut vel Hartman, Luciano Doti & Daniel Alcoba
Ser feliz, pensó Ascar, es saber que en tu bolsillo hay suficientes pastillas para toda la semana. Las rojas de la euforia, las azules de la paz, las amarillas de la creatividad. Desde que las drogas de diseño empezaron a venderse en las farmacias, millones de mujeres y hombres anclaron su vida cotidiana a la ingesta de Euforina, Dharma Plus o Einstein-999. Algunos hasta tenían esperanzas de que desaparecieran la codicia, las guerras… que los seres humanos serían menos miserables. Al fin cada persona podría ser lo que quisiera. La felicidad ya no estaría reservada sólo a los privilegiados nacidos con talentos especiales, ahora bastaría con esos comprimidos para sentirse en el mejor de los mundos.
Sin embargo, no pasó mucho tiempo para que Ascar quedara atascado en el tránsito de la ciudad en la que vivía.
—¿Qué pasa? —preguntó al taxista que lo transportaba.
—Es un piquete; reclaman que las obras sociales cubran las nuevas pastillas. También clases públicas sobre las pastillas rojas, porque su sobredosis produce infartos, ictos y adición. Dharma Plus hace a la gente edulcorante, sobona y desenfrenada sexual. Einstein- 999 genera escritores de ciencia ficción, estudiantes de física y hasta físicos...
—¡La nueva trinidad santa: Euforina, Dharma...
Lo interrumpió el taxista salvando los respaldos delanteros desnudo de la cintura para abajo, pene erecto elevado 45º sobre la horizontal. Antes de ceder al deseo del taxidriver, Ascar vio al pie del parabrisas los envases de tres Dharma-grageas.
Acerca de los autores:
Luciano Doti
Daniel Alcoba
Sergio Gaut vel Hartman

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martes, junio 16, 2015

Vampiros en El Plata

por Luciano Doti

Estamos en el año 1536 de nuestro Señor. La costa del río es un lodazal. Su color amarronado no luce ni genera un gran impacto. Para colmo, las condiciones de vida son de las más agrestes. Hay altos pajonales en la zona. Pasamos hambre. Yo no soy la excepción. Pero la mía es un hambre diferente a la de los demás. Desde que fui mordido...
Vinimos de España a la América. Atravesamos el mar Océano en nuestras carabelas y llegamos aquí. Entonces, nos encontramos con unos hombres indómitos que no aceptan ser civilizados. Y el hambre, ¡ay, el hambre! No hay nada que llevar a la boca, nada con qué engañar al estómago. Algunos han intentado cazar y comer a los caballos, los cuales son propiedad de Su Majestad; hemos tenido que ajusticiarlos, darles muerte y exhibirlos a modo de ejemplo al resto de la tropa. Pero el hambre...
Entre nosotros hay un sujeto de origen bávaro. Es extraño, suele evitar la luz del sol. Debería tener mucha hambre cuando mordió los cuerpos de los recién ajusticiados. A decir verdad, aún vivían en el momento en que sus dientes se hincaron en la carne de ellos. Lo vi comerlos; fue un espectáculo espantoso. Aunque más que comer su carne, bebía su sangre. Confesaré que yo también me sentí motivado a probar bocado de esa carne humana. Me acerqué tímidamente, y al llegar al lugar, el bávaro, borracho de su festín hematófago, me mordió; alcanzó a beber algo de mi sangre, creo.
Ahora mi hambre es diferente, no estoy tan presuroso de comer como de beber, y no precisamente agua. El agua no sacia mi sed. El hambre devino ansia.
Estoy harto de retorcerme en mi precaria morada. Hace frío y necesito beber. Así que, salgo afuera. Hay luna llena y los indios parecen habernos dado una tregua; ellos están tan famélicos como nosotros. Me acerco al lugar donde cuelgan los cuerpos de los ajusticiados; su sangre ya debe estar seca. Sin embargo, por allí anda Centurión, el que fue capitán de navíos del príncipe de Doria, luciendo su capa al reflejo del fuego. Podría beber de él, beber su sangre; tanto odio su actitud arrogante, que no sentiría ningún remordimiento. Lo ataco, hundo mi cuchillo en su cuerpo y bebo; al hacerlo sé que ya nunca podré abandonar esta acción que será un hábito hasta la última de mis noches.

Basado en "El hambre", de Manuel Mujica Láinez.

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lunes, junio 01, 2015

Inteligencia perdida

por Luciano Doti

Hay una práctica adolescente que hace dilapidar vitalidad. Especialistas advierten que produce fatiga crónica, incapacidad para concentrarse, perdida de memoria y hasta se ve afectado el coeficiente intelectual...
Pablo no hizo caso a esas advertencias y continuó con su vicio. Era para él la única manera de paliar las ganas de estar con una mujer.
Llegó el día en que conoció a una chica que estaba dispuesta a salir con él. A modo de romper el hielo, le preguntó:
—¿Qué es lo que más te gusta en un hombre?
—Su inteligencia —respondió ella, y Pablo no comprendió cómo podía decir eso. De hecho, entender cualquier cosa ya se había convertido en ardua tarea para él.

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sábado, mayo 16, 2015

Microficción41

por Luciano Doti



“41: el borracho”. “No, señor. Es el 14”. “Disculpe. Es que para mí vermú con fernet o fernet con vermú es lo mismo”. 
  

Tarea para el hogar: Escribir 100 veces “no debo”. Llegó a 41. El revolver cerca. Lo tomó. La letra con sangre entra. 


Nunca antes había tomado el 41. Esperándolo, apareció una joven pasajera que le hizo olvidar que estaba cerca de los 40.
 

Microficciones participantes en el certamen #Microficción41 de la 41a Feria Internacional del Libro de Buenos Aires 2015, por Twitter.


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